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sábado, 27 de julio de 2013

Todas las familias felices de Carlos Fuentes: el ser Latinomejicano

Por Israel Prieto



















Todos descendemos de otros.
Todos venimos de otra parte.
Hasta los indios no son de aquí.
Vinieron de Asia hace millones de años.
Aquí no había nadie

Señora Vanina en Madre Dolorosa

Una tumba sin lápida
la pisotean toditos.
Nadie respeta una tumba señalada
por piedrecitas

María Bonifacia, El hermano incomodo

miércoles, 16 de enero de 2013

Salvador Fleján RELOADED

Por Carlos Sandoval






















Agosto 2012


1. Un escándalo de tintes cómicos se desató entre los incipientes blogueros venezolanos (las redes sociales todavía no se llamaban de ese modo; facebook y twitter apenas salían de los programas de diseño) cuando la división caraqueña de la Editorial española Alfaguara publicó Las voces secretas (2006), una antología de cuentos de los más recientes narradores del país, según la perspectiva de su compilador Antonio López Ortega. Envalentonados por la impunidad del anonimato, la mayoría de aquellos pioneros de la web interactiva se rebelaron sin decoro contra la muestra al considerar que los textos no reunían los méritos señalados por su selector ni, mucho menos, precisaba el estado actual del género.

lunes, 6 de agosto de 2012

Reseña a Todas las Lunas de Gisela Kozak Rovero

Por Valmore Muñoz Arteaga


He leído Todas las Lunas (2012) de Gisela Kozak Rovero y la primera palabra que me vino a la cabeza luego de cerrar el pequeño libro fue retablo. El retablo es una obra en madera de proporciones laberínticas en la cual solían colaborar artistas de distintas disciplinas. La pieza está conformada por distintos cuerpos que acarician la vista de los ojos y las manos.

martes, 10 de julio de 2012

El Príncipe Negro de Norberto José Olivar

Por Valmore Muñoz Arteaga



















La literatura se me antoja a veces una especie de almario de rincones oscuros y cosas irresolutas. Espacios opalescentes en donde a veces recordamos lo solos que estamos o, ¿por qué no?, lo solos que estaremos. Sin embargo, no por eso deja de ser un salvavidas espiritual del día “disolutor”, ya que, quizás, antes de que el día culmine ya hemos desaparecido o, mejor dicho, hemos dejado de ser lo que fuimos para ser otro ser distinto. Una verdad que transita hacia una no-verdad que vuelve a ser verdad casi sin darse cuenta. La literatura se me antoja un almario, una constante útlima estación, una constante primera estación. Claro, esto lo he comprendido luego de la lectura de la más reciente novela de Norberto José Olivar El Príncipe Negro (Lugar Común, 2011)